Cristina Huguet

Cristina Huguet

Siempre me ha gustado escuchar historias, siento una curiosidad enorme por conocer las causas que empujan a la gente a hacer lo que hace (esa curiosidad puede rozar lo malsano), la verdad es que me gusta saber cuáles son esas causas, esos principios del movimiento pueden llegar a ser de lo más variopinto y a veces una se lleva una sorpresa (sea en el sentido que sea).

Como soy curiosa, pero lo disimulo muy bien, el otro día le dije a Cristina Huguet que quería hablar con ella, no me preguntó de qué quería hablar, así que no se lo dije, pero entonces, llegó la inestimable ayuda de mi compañera Ana y le dijo que yo quería hablar con ella para hacerle una entrevista, Cristina me miró reticente, pero ya había quedado conmigo…

Cristina es la voluntaria estrella del Centro Abierto, es una de esas personas con la que siempre puedes contar, que se lo digan a Ana, que en los últimos años ha sido su apoyo más fiel (sí, sí, he dicho años), Cristina me dice que a ella le da igual con quien la pongan a trabajar, pero que si puede ser con Ana pues que mejor.

Le pregunto que cómo llegó al Ateneu, me cuenta que a través de una ONG, primero probó suerte en un colegio en el Raval y después la pusieron en contacto con nosotros. Me confiesa que desde pequeña siente debilidad por el pueblo gitano, así que desde que llegó al Ateneu se siente contenta y en su salsa.

Seguimos hablando, su búsqueda empezó con inquietudes espirituales, ahora lo que hace se ha convertido en una necesidad vital y en un compromiso firme.

De repente, se pone a hablar de los niños, de lo que le hacen sentir, y no para de repetir (lo hace más de diez veces) que no lo puede explicar. Habla de la infancia como del paraíso perdido, dice que los niños son puros, son esencia, con ellos se siente a gusto, un niño es lo que es y no esconde nada, lo compara con el trato con los adultos y dice que es muy diferente.

Me cuenta que cuando crecemos perdemos esa esencia, esa pureza, o que si no la perdemos siempre tratamos de esconderla.

Cristina es una mujer activa, siempre tiene algo que hacer, ocupa todo su tiempo, confiesa que este año ha tenido que dejar varias cosas y que ha tenido que priorizar.

En su vida la prioridad son los niños, por las mañanas sus sobrinas y por las tardes el grupo 3 del Centro Abierto.

Toda la gente que la conoce en el Ateneu acaba diciendo la misma frase: ¡a esta mujer hay que hacerle un monumento!

Como andamos escasos de espacio, ahí va este retrato.

Carme Moya (2006)

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